CAPÍTULO 5
«Ay muchos omnes que quando están en algún mester fazen mucho por aver las gentes et por las guardar, et después que an acabado aquel fecho, non saben, o no quieren, fazer por las gentes to que deven para les gradesger et galardonar.»
El 8 de septiembre de 1312, al día siguiente de la muerte de su padre, el infante don Alfonso, con tan solo un año y veintiséis días de edad, fue coronado en Ávila como Alfonso XI de Castilla.1 Inmediatamente se desencadenó una lucha por la regencia, que trajo consigo una nueva etapa de inestabilidad política en Castilla. Había dos candidatos principales al cargo de tutor: el ya anciano infante don Juan, que poseía una amplia experiencia militar y diplomática; y el enérgico pero comparativamente inexperto infante don Pedro, a quien, al parecer, el moribundo Fernando IV había confiado el cuidado de su heredero.2 Don Juan Manuel, con treinta años y en la plenitud de su vida, no figuraba entre los candidatos. No era porque careciese de ambición o de apoyos. Sencillamente, la tradición castellana dictaba que las regencias debían recaer en una reina o en un infante. Y don Juan no era ni lo uno ni lo otro.3
El infante don Juan, respaldado ahora por su antiguo enemigo Juan Núñez de Lara, solicitó la ayuda de María de Molina (cuya influencia y prestigio seguían siendo considerables), proponiéndole que compartieran las tareas de gobierno. Pero la reina viuda, poco dispuesta a enfrentarse a su hijo, no quiso considerar la propuesta.4 El infante don Pedro, plenamente consciente de que su madre no se opondría a él, buscó en primera instancia apoyo fuera del reino y escribió a su suegro, Jaume II, para pedirle ayuda a fin de convertirse en «sennor de Castella et de Leon paral vuestro seruiçio et para mi pro», respaldando su petición con la orgullosa – y muy exagerada – afirmación de que «todos los de la su tierra [del Rey don Ferrando] me quisieron tomar por tutor de su fijo si que el fino».5
Jaume ya estaba predispuesto a apoyar a su nuevo yerno. El infante don Juan había vuelto a caer en desgracia en la corte de Aragón por haberse negado a participar en la reciente operación castellana contra Alcaudete.6 Pedro, además, constituía una apuesta mucho más segura: más joven y aparentemente menos voluble, sin duda resultaría un cauce más fiable para la influencia aragonesa en los asuntos castellanos. De hecho, en una carta dirigida aquel otoño a don Juan Manuel, Jaume II dejó claro que consideraba a Pedro el mejor candidato.7
Antes del 21 de octubre, el infante don Juan, inquieto por no haber logrado ganarse el apoyo de María de Molina y por el creciente respaldo a su sobrino Pedro, recurrió a medidas drásticas y envió a Juan Núñez de Lara a Ávila para secuestrar al rey niño Alfonso XI. El infante don Pedro, que regresaba hacia el norte con la recién enviudada reina Constança tras concluir en Jaén las negociaciones de tregua con Nasr de Granada,8 tuvo noticia de esta audaz operación mientras se encontraba en Ciudad Real.9 Debía de contar con escaso apoyo entre la alta aristocracia, pues el 21 de octubre, desde Yébenes, se vio obligado a escribir a don Juan Manuel implorándole ayuda:
Et don Johan si uos desto no quisieredes doler et quered que uos et yo en uno uayamos y todos los dias deste mundo me echedes una cadena a la garganta para nunca uos salir de mandado et lo del Rey que yo auer podiere et lo mio et el cuerpo et todo quanto yo ouiere todo lo auer en qual guisa uos quisieredes [...]. Ca sabet que esto uos fasiendo assi que me echedes un fierro a los pies para nunca de salir de mandado en todos los tiempos del mundo [...]. Et don Johan uos enbiastes desir et mas quantas uos quisieredes que yo lo faga en todos los dias deste mundo sinon que sea traydor por ello.10
El infante don Pedro y don Juan Manuel distaban mucho de ser amigos inseparables. Como se ha señalado anteriormente, el señor de Villena estaba profundamente resentido por la nueva amistad de Pedro con Jaume II. Pedro, ferviente cruzado, despreciaba a su primo por haber abandonado el sitio de Algeciras y por su falta de interés en la campaña más reciente contra Granada.11 Pero la situación política era crítica y, en tiempos difíciles, incluso las alianzas más improbables podían forjarse por conveniencia.
Convencido de que Pedro acabaría imponiéndose en la disputa por la tutoría, el señor de Villena decidió unir su suerte a la de este joven príncipe y partió de Cuenca rumbo a Ávila para ayudar a frustrar los planes de Juan Núñez. Para el 1 de noviembre, don Juan Manuel había llegado a su destino.12 Núñez, sin embargo, ya había llegado y se había marchado. A su entrada en Ávila, el jefe del linaje de Lara y sus hombres habían rodeado la iglesia de San Salvador, donde se encontraba custodiado el rey niño.13 Pero no lograron entrar. Núñez consiguió al menos una pequeña victoria: obtuvo de los ciudadanos de Ávila la promesa de «que non diesen el Rey á [el Infante Don Pedro] ni á otro ome poderoso que fuese, fasta que todos los de la tierra se ayuntasen á Córtes, et acordasen á quien le diesen». Así pues, cuando el propio Pedro llegó a Ávila, tampoco pudo hacerse cargo de la custodia del rey niño.14
A más tardar el 6 de noviembre, don Juan Manuel y el infante don Pedro abandonaron Ávila con destino a Valladolid. En esta ciudad regia, este último obtuvo de su madre, María de Molina, el compromiso de que emplearía su influencia entre los castellanos para lograr que fuese elegido para el cargo de tutor.15 A continuación, Pedro formalizó su alianza con don Juan Manuel, prometiendo a su nuevo aliado «en guarda por el [...] Rey don Alfonso el regno de Toledo et el regno de Murcia et el obispado de Cuenca et el obispado de Siguença», regiones en las que tendría «el mismo poder quel dicho infante ouier en lo de que el fuese tutor atanto tiempo como el dicho infante don Pedro terna la dicha tutoria et usara della».16 En otras palabras, si Pedro era jurado como tutor, se produciría un reparto de facto de los poderes de la regencia. Se trataba de una concesión de gran alcance, pero necesaria en aquel momento, pues Pedro carecía de apoyos entre la alta aristocracia. El acuerdo fue garantizado por el maestre de Calatrava, Garci López, quien juró por escrito que:
si por auentura el dicho infante [don Pedro] o otro alguno o algunos uos quisieren seer contrarios o destoradores en ello que nos que uos ayudemos [don Johan] contra ellos porque uos ayades la guarda et el poder segund sobredicho es et fagamos y todo nuestro poder porque se cumpla asi. Et sino que valamos menos por ello.17
Don Juan Manuel no perdió tiempo en informar a su suegro, Jaume II, de este trascendental acuerdo.18 Tras estas conversaciones, Pedro se apresuró a dirigirse a Ariza para entrevistarse con el rey de Aragón,19 mientras don Juan se trasladó a los alrededores de Atienza, probablemente para cazar.20
El infante don Juan, furioso porque su antiguo amigo Jaume II favorecía a Pedro para el cargo de tutor,21 recurrió al Tercer Estado – cuya importancia política tendía a aumentar cuando la autoridad regia era débil – en busca de apoyo para sus aspiraciones. En las últimas semanas de 1312 obtuvo el respaldo del concejo de Burgos,22 y poco después, en Benavente, forjó una alianza (hermandad) con cuantos concejos de León estuvieron dispuestos a reunirse con él, además de concertar un pacto con el hermano menor de Pedro, el infante don Felipe.23 Más experimentado que su joven rival en las artes de la diplomacia, el infante don Juan ordenó seguidamente a los miembros de esta alianza que se hallasen en Sahagún el 15 de febrero para entablar conversaciones conjuntas con los concejos del reino de Castilla.24 Fue una maniobra astuta, pues una administración de regencia difícilmente podía aspirar a gobernar con eficacia sin la cooperación de los distintos concejos municipales, que, gracias a su capacidad para vetar las exacciones regias, ejercían un control considerable sobre la hacienda real. No obstante, era inevitable que los concejos no estuvieran completamente unidos en su elección de regente. De hecho, existían profundas divisiones y, con ellas, el temor de que las rivalidades pudieran sumir al reino en una guerra civil. El diplomático aragonés Guillén Palacín resumió la precariedad de la situación en una carta dirigida a su soberano, Jaume II, el 4 de enero de 1313: «en quanto entro a [Castiella] pude entender los feytos estos son muy grandes e estan a muy fuert punto de seer mayores».25
En su favor, los infantes don Juan y don Pedro comprendieron desde una fase temprana que las posibilidades de que cualquiera de los dos obtuviera una victoria absoluta en la elección de la regencia eran extremadamente reducidas. Antes de dirigirse a Sahagún para reunirse con los concejos de León y Castilla, el infante don Juan visitó a María de Molina en Valladolid y, durante una conversación abierta con ella y con la reina Constança, declaró que no estaba en modo alguno dispuesto a reconocer a Pedro como gobernador del reino, afirmación que, naturalmente, no sorprendió a ninguna de las dos. Sin embargo, en una conversación privada con María, el infante don Juan dio a entender que quizá no se opondría a compartir la regencia, siempre que pudiera ejercer una jurisdicción separada e independiente sobre aquellas regiones en las que contaba con un sólido respaldo. Al conocer esta posible vía de compromiso, Pedro concertó una entrevista con su madre en Toro, localidad situada al suroeste de Valladolid. No está claro si él también se mostraba dispuesto a aceptar la idea de una regencia compartida. Lo que sí parece seguro, sin embargo, es que su suegro, Jaume II de Aragón, había comenzado a mostrarse más favorable al infante don Juan tras los éxitos diplomáticos obtenidos por este en Burgos y Benavente.26
Pedro se entrevistó con don Juan Manuel cerca de Ávila y lo invitó a la reunión de Toro,27 omitiendo mencionar la propuesta del infante don Juan de dividir la regencia, pues, naturalmente, un acuerdo de ese tipo difícilmente podía conciliarse con las promesas que Pedro había hecho al señor de Villena en noviembre. Don Juan Manuel llegó a Toro antes que Pedro, el 13 de febrero o poco antes.28
Mientras esperaba la llegada de su primo, don Juan Manuel presionó a María de Molina para que garantizase el acuerdo de noviembre. Pero María, sin explicar el motivo, se negó a hacerlo.29 Algunos días más tarde, sin que Pedro hubiera aparecido aún,30 la reina viuda dejó escapar que su hijo y el infante don Juan podrían compartir la regencia y que era poco probable que se respetara cualquier acuerdo previo relativo al gobierno del reino.31 Incrédulo, don Juan Manuel salió en busca del infante don Pedro y dio con él en Palencia, donde los estamentos de Castilla se encontraban reunidos para decidir la cuestión de la tutoría. El señor de Villena apremió a su joven primo para que confirmase el acuerdo alcanzado entre ambos. Pedro dio largas al asunto y acabó declarando que no podía hacerlo, «ca el traya su pleyro [sic] con el infante don Johan por poner su amor con el».32 Profundamente consternado, don Juan Manuel concertó un pacto de ayuda y protección mutuas con la viuda de Fernando IV, la reina Constança, quien, presumiblemente, se sentía igualmente desengañada, pues Pedro le había prometido la crianza de su hijo Alfonso.33
El infante don Pedro había asumido un riesgo calculado. Había ocultado sus planes a don Juan Manuel hasta el último momento, confiando en que las Cortes ratificaran el nuevo gobierno de regencia antes de que su pariente pudiera organizar una resistencia eficaz. Y, a largo plazo, su apuesta acabaría dando resultado, como veremos enseguida. Pero, al incumplir su promesa al señor de Villena, quien podía soportar cualquier agravio salvo el deshonor, Pedro había creado una enemistad que estaría en la raíz de los problemas internos de Castilla durante los dos años siguientes.
Las Cortes de Palencia de 1313, cuyos pormenores conocemos gracias a la crónica real y a la documentación de la corte, contaron con la asistencia de todos los aristócratas castellanos de relieve. Según se nos informa, muchos de ellos se presentaron en la ciudad acompañados de nutridas huestes de hombres de armas, recelosos de aquellos cuyas intenciones de voto diferían de las propias. Debido a ello, pronto fue necesario concertar treguas formales y obligar a las facciones enfrentadas a alojarse fuera de Palencia, en distintas localidades de los alrededores. En un principio, don Juan Manuel y sus hombres se instalaron en Magaz. Sin embargo, poco después se trasladaron a La Morería, donde se alojaba el infante don Juan. La reina Constança se trasladó allí también desde San Pablo. Baste decir que la distribución física de la nobleza castellana en aquel momento constituía un reflejo inequívoco de sus inclinaciones políticas.
El cambio de bando de don Juan Manuel y Constança, aunque perfectamente comprensible, enfureció al parecer al infante don Pedro hasta tal punto que quiso tomar las armas contra ellos; pero su madre, María de Molina, logró disuadirlo. Con los ánimos tan exaltados, María decidió que los concejos y los prelados del reino debían permanecer solos en Palencia para alcanzar una decisión sobre la regencia.
Ambos grupos examinaron debidamente la cuestión, pero no lograron ponerse de acuerdo. Algunos de sus miembros preferían al infante don Juan como único gobernante del reino, mientras que otros se inclinaban por un gobierno ejercido conjuntamente por María de Molina y el infante don Pedro. No fue posible hallar una solución al estancamiento. En consecuencia, entró en vigor un reino dividido, compuesto por dos tutorías diferenciadas, para cuyas respectivas administraciones se crearon sellos reales separados.34
Varias villas y ciudades no lograron decidir quién debía gobernarlas, y pronto los infantes don Juan y don Pedro, que continuaban enfrentados pese a su aparente disposición a cooperar en el gobierno del reino,35 comenzaron a disputarse el control de estos lugares. El enfrentamiento más importante parece haber girado en torno a quién debía gobernar la propia Palencia. No mucho después de la conclusión de las Cortes, el infante don Pedro regresó allí. Su presencia infundió temor entre aquellos habitantes favorables al infante don Juan, que huyeron, permitiendo así al joven príncipe hacerse con el control de la ciudad. Al conocer lo ocurrido, el infante don Juan se trasladó a Carrión con la intención de desalojar a Pedro de Palencia. Según se nos informa, don Juan Manuel abandonó Peñafiel para acudir en su ayuda:
et el Infante Don Pedro desque esto sopo, salió de Palencia de noche, et fuéle á tener el camino, et encerróselo Don Joan en Valdecañas en una casa fuerte que era de Don Guillen de Rocafuy: et el Infante Don Pedro veno y á la casa, et estudo y todo el dia: et Don Joan non lo falló por su pro, et non quiso salir dende: et el Infante Don Pedro estando y fasta hora de visperas, dexóle y, et non quiso más porfiar, et tornóse para Palencia. Et Don Joan salió de Valdecañas, et tornóse para Peñafiel, en guisa que nin pudo ir á Carrion á se ayuntar con los otros por recelo del Infante Don Pedro, que estaba en Palencia.
No puede confirmarse mediante otras pruebas que lo anterior sucediera tal como se describe. Sin embargo, dado que este episodio recogido por la crónica no supone una deshonra evidente para el señor de Villena, quizá haya motivos para pensar que no se trata de una pura invención. Posteriormente, las respectivas fuerzas de los infantes don Juan y don Pedro se dispusieron a entablar batalla en las afueras de Palencia. Pero, tras un prolongado enfrentamiento sin llegar a combatir, se dispersaron.36
Tras este episodio, el infante don Juan, acompañado por Juan Núñez de Lara y la reina Constança, se dirigió a la villa manuelina de Peñafiel, donde urdieron un nuevo plan para secuestrar a Alfonso XI. Sin embargo, la conspiración fue descubierta y frustrada por el infante don Pedro y su madre, María de Molina.37 Asumiendo una vez más su habitual papel de mediadora, María se dedicó después a reconciliar a Pedro con su tío. Según la crónica real, los tres se reunieron en Arévalo «[et] pusieron su pleito en grand poridad, que fuesen tutores cada uno dellos de aquellas villas que los tomaron por tutores, et que fincasen por amigos». Este acuerdo se alcanzó contra los deseos de don Juan Manuel, Juan Núñez y la reina Constança, quienes eran partidarios de celebrar nuevas elecciones para la regencia.38 La documentación nos informa de que el acuerdo aún no se había formalizado por escrito cuando Pedro partió hacia Granada para aprovechar la inestabilidad interna de aquel reino.39
Don Juan Manuel se oponía a las conversaciones de Arévalo principalmente porque no quería que el infante don Juan llegara a ningún acuerdo con el infante don Pedro. El señor de Villena tenía cada vez más motivos para detestar al joven príncipe. Pedro había incumplido el acuerdo por el que ambos debían compartir la regencia. A ello se sumaba el inquietante incidente de Valdecañas. Y, además, Pedro había intentado recientemente comprar a la infanta Blanca de Portugal las mismas propiedades que la Casa de Manuel había tratado de adquirir poco antes de la muerte de Fernando IV.40
En octubre o noviembre de 1313, don Juan Manuel dio rienda suelta a su cólera, atacando y saqueando las propiedades antes mencionadas, así como las posesiones murcianas de Pedro.41 Esta acción belicosa preocupó gravemente a Jaume II de Aragón, quien, necesitado de dedicar toda su atención a la enemistad entre su hermano Fadrique y Roberto de Calabria, deseaba poner fin a los disturbios en Castilla y, en particular, a la acritud existente entre sus dos yernos. Con este fin, Jaume nombró mediador al arzobispo de Toledo, Gutierre, amigo de ambos. El arzobispo habló primero con el infante don Pedro en Ciudad Real. Aunque preocupado por los daños que se estaban causando a sus propiedades, Pedro no quiso abandonar su campaña en Granada y, por ello, autorizó a Gutierre a arbitrar como estimase conveniente «por poner pas et sosiego en la guerra et escusar muchos bollicios que podrian nacer si este no asesegase».42
El arzobispo procedió, conforme a las instrucciones recibidas, a concertar un acuerdo con don Juan Manuel. No es posible determinar cuándo ni dónde se reunieron, pero sabemos, por un memorial entregado a un mensajero aragonés el 26 de febrero de 1314, que se acordó lo siguiente: Pedro debía reconocer a don Juan como adelantado mayor en el reino de Murcia y mayordomo mayor del rey – cargos que este había asumido tras la muerte de Fernando IV – así como reconocer su derecho a los beneficios regios correspondientes a dichos oficios; además, Pedro debía entregarle 250.000 maravedís para completar la compra de las propiedades de la infanta Blanca. A cambio, el señor de Villena reconocería a Pedro y a su madre como tutores y obligaría a sus vasallos de Huete y Cuenca a hacer lo mismo.43
Estas condiciones – que constituían, en esencia, una lista de exigencias – no fueron atendidas de inmediato, en gran medida, cabe suponer, por la dificultad de hacer llegar la información a Pedro, que se encontraba lejos, en Andalucía. Don Juan Manuel envió mensajeros para protestar ante el arzobispo por la demora. Este replicó que cualquier acuerdo solo podía ser validado con la firma del infante. Pero esto no era cierto, pues Pedro había otorgado a Gutierre poderes plenipotenciarios para resolver la cuestión. El propio infante estaba también impaciente por alcanzar una solución y, el 20 de febrero, recordó al arzobispo que no existía impedimento alguno: «queremos el pleito asi como lo pusiemos en vuestra mano que por quinse dias nin por un mes que se aluengue que se non deuen quexar los mandaderos».44 Don Juan Manuel, sin embargo, ignoraba esta comunicación y se mostraba cada vez más frustrado.
El 22 de febrero, Jaume II envió al maestre de Calatrava, Garci López, a Villena con un mensaje para Constança Manuel. La elección del mensajero por parte del monarca aragonés fue desafortunada. Como se recordará, Garci López había ofrecido una garantía formal del acuerdo sobre la regencia alcanzado en noviembre entre el infante don Pedro y don Juan Manuel, acuerdo que ya había quedado descartado. Cuando Pedro reveló que no tenía intención de cumplirlo, López no intervino, quebrantando así la promesa hecha a don Juan de que «uos ayudemos [...] et fagamos y todo nuestro poder porque se cumpla asi».45 El señor de Villena, poco dispuesto a olvidar semejantes agravios, se tomó la revancha: apresó al maestre de Calatrava y lo encarceló. El 1 de marzo, don Juan escribió a su suegro Jaume para explicarle lo que había hecho y por qué, dejando claro que no pondría en libertad a Garci López «fata que me de recabdo que me cumpla lo que me ha de cumplir».46 Dos días más tarde, el rey de Aragón, lívido de ira, respondió en los siguientes términos:
Nos pesa mucho lo que auedes fecho. E tenemos que auedes mucho errado cha [sic] fisiestes muy gran desondra a nos [...] e grand desondra a la infanta nuestra fija e vuestra muller a quien ell hiva a veer con voluntad nuestra. E desondra a uos mesmo e grand infamia en cuya fe hiua a la vuestra casa.
La correspondencia del monarca aragonés fue entregada por el destacado cortesano Gonzalo García, lo que refleja la gravedad de la situación. Para el 9 de mayo, la cólera de don Juan Manuel se había apaciguado, presumiblemente porque para entonces había sabido que, en realidad, el infante don Pedro no estaba obstaculizando ningún acuerdo entre ambos. El señor de Villena puso en libertad al maestre de Calatrava para que regresara a la corte aragonesa y se dirigió él mismo a la diócesis de Cuenca con el fin de impedir que sus vasallos continuaran haciendo la guerra contra las tierras del infante.47
Los daños infligidos a la región de Murcia por esta enemistad sometieron a una tensión considerable las relaciones entre sus habitantes y la Casa de Manuel. Para mediados de diciembre de 1313, el concejo de Murcia ya había protestado ante Jaume II por estas actividades bélicas,48 y a más tardar el 23 de febrero de 1314, le había solicitado garantías de seguridad y protección.49 Cuando los murcianos anunciaron en abril que ya no estaban dispuestos a reconocer a don Juan Manuel como su adelantado mayor ni a abonarle las rentas destinadas al mantenimiento de los castillos murcianos, el lugarteniente del príncipe, Pedro López de Ayala, diplomático ni sutil ni especialmente hábil,50 los amenazó con excluirlos de un acuerdo de seguridad concertado recientemente con el emir de Granada.51 Jaume II desaprobó esta conducta y, el 25 de abril, escribió a don Juan para reprenderlo: «no es aquesta buena manera por traer los de Murcia a vuestro entendimiento por que es en gran carga e grant infamia vuestra a Dios e al mundo». El 1 de mayo, el rey de Aragón envió a Pelegrín de Montagut a la corte manuelina para insistir nuevamente sobre la cuestión.52 Esta disputa marca el comienzo de las dificultades que don Juan Manuel habría de experimentar con el concejo de Murcia durante el resto de su carrera política.
En la tercera o cuarta semana de abril de 1314, el infante don Pedro regresó a Castilla desde Andalucía. Habría preferido permanecer en el sur, pues Granada seguía debilitada por sus luchas internas, pero ya no podía seguir relegando dos cuestiones internas pendientes: su enemistad con don Juan Manuel y la ratificación de su acuerdo político con el infante don Juan. Ambas fueron abordadas en una reunión celebrada en Palazuelos (Valladolid) durante los últimos días de abril. El acuerdo con don Juan Manuel se resolvió sin grandes dificultades, aunque la correspondencia contemporánea indica que el infante don Pedro no quedó del todo satisfecho con sus términos: «del pleito de Don Johan fijo de Don Manuel como quier que me el demando pleitos muy agraviados que yo non fisiera en ninguaa [sic] guisa sabredes que me escusado ouiera yo de lo faser mas pues vi que uos plasia ende non quis faser fuerza en ello».'53 Las principales cláusulas de este acuerdo no constan en un único documento, pero pueden reconstruirse a partir del contenido de diversas cartas privadas. En lo relativo a la disputa territorial entre el infante don Pedro y don Juan Manuel, se acordó que este último recibiría la propiedad de Alcocer, mientras que el primero obtendría Cifuentes y Peñas de Viana, y que las restantes propiedades de la infanta Blanca se repartirían por igual entre ambos. Se decidió asimismo que don Juan percibiría todas las rentas regias que le correspondían en virtud de sus cargos palatinos, aunque tendría que pagar una indemnización por los daños causados a propiedades reales durante su reciente campaña de devastación. Para garantizar el acuerdo se intercambiarían rehenes: Pedro entregaría a don Juan Manuel la custodia de Berlanga y recibiría a cambio la de Escalona.54 Es posible que existieran otras cláusulas y condiciones, pero las desconocemos.
La segunda cuestión de Pedro no resultó problemática, pues el entusiasmo del infante don Juan por una regencia compartida no había disminuido, como demuestra la garantía que ofreció al rey de Aragón antes del regreso de Pedro de que «por lo mio no se pasara de faser et complir todas las cosas que fueren seruiçio de Dios et del Rey don Alfonso mio sobrino et pro et pas et asosiego de la tierra guardando yo en todo lo que he de guardar».'55 Para el 3 de mayo, Pedro, su madre María de Molina y el infante don Juan habían formalizado un pacto de amistad, acercándose así un paso más al ejercicio conjunto de la regencia.56
Solo quedaba elaborar y ratificar un proyecto de gobierno. Esto se llevó a cabo en una nueva reunión celebrada en Palazuelos hacia la primera semana de agosto de 1314. Los principales puntos del acuerdo fueron los siguientes: María de Molina asumiría la crianza de su nieto Alfonso XI; la cancillería permanecería allí donde se encontrase el rey; los nombramientos para los cargos de la corte solo podrían efectuarse con el consentimiento de los tres tutores; el infante don Pedro y María de Molina únicamente podrían entrar en la tutoría del infante don Juan con la autorización de este último; del mismo modo, el infante don Juan no podría entrar en la tutoría de aquellos sin su consentimiento.57
Con su posición al frente del gobierno ya oficialmente confirmada, y sin ninguna autoridad superior ante la que responder, el infante don Pedro se sintió facultado para desentenderse de sus nuevos compromisos con don Juan Manuel. Los elevados cargos de mayordomo mayor del rey y adelantado mayor en el reino de Murcia, prometidos al señor de Villena, fueron otorgados a otras personas.58 Don Juan Manuel reaccionó de manera previsible, haciendo la guerra contra Berlanga y saqueando otras propiedades pertenecientes al infante don Pedro.59 En busca de alguien a quien culpar, envió a uno de sus vasallos a la curia aragonesa para reprochar a Jaume II que subordinara los intereses de la Casa de Manuel a los del infante don Pedro. El 13 de septiembre, Jaume respondió a aquella crítica: «si por auentura algunas vegadas vos semejaua que non uos mostrasemos aquella voluntad e amor que uos querriades era porque quisieramos que aueniesedes mejor en vuestras fasiendas de quanto por auentura a nos no semejaua que fisieredes».60 El rey de Aragón ya había demostrado anteriormente su escasa disposición a invertir en empresas, o en individuos, que ofrecieran pocas perspectivas, y de estas palabras se desprende con claridad que sentía poca simpatía por el mayor de sus dos yernos, quien, en su posición política de aquel momento, tenía poco que ofrecer. El infante don Pedro, en cambio, era ahora una figura con capacidad de decisión al más alto nivel. Y Jaume actuaría según fuese necesario para salvaguardar su relación con este joven príncipe.
Antes de San Miguel, el señor de Villena envió una nueva embajada a la corte aragonesa para exponer sus agravios contra Pedro. No se conserva en las fuentes lo que allí se dijo, pero esta vez Jaume, preocupado quizá ante la perspectiva de nuevos disturbios y destrucciones en Castilla y Murcia, respondió en un tono más conciliador: «tenemos mucho por mal lo que ha fecho [el Infante Don Pedro] contra uos. E desta razon entendemos enbiar a reprenderlo [...] e requerirlo que cunpla lo que prometido ha».'61
Pero Pedro no tenía intención alguna de cumplir las promesas que había hecho a don Juan Manuel en abril y, a medida que avanzaba el otoño de 1314, este último se mostraba cada vez más exasperado. La crónica real nos informa de que su descontento llegó a tal extremo que rompió sus vínculos de fidelidad con la Corona castellana y asoló «toda la tierra de Huepte, et de Guadalfajara, et de Fita, et de toda esa tierra, et robó et fizo mucho mal et mucho daño en todos esos lugares. Et otrosí ficieron guerra de Escalona, que era suya, á toda esa tierra de esa comarca». En respuesta, según se nos dice, Pedro hizo que sus fuerzas atacaran los castillos manuelinos situados en los alrededores de Huete.62 Sabemos además, por documentación de cancillería, que hacia el 24 de noviembre se había puesto sitio a Peñafiel.63
Como otros hombres de su misma posición aristocrática, don Juan Manuel era orgulloso y no podía permanecer pasivo ante una afrenta tan clara y descarada a su honor. Su actitud violenta, por supuesto, no constituía simplemente un acto de venganza; era también un medio para alcanzar un fin. En los últimos años había comprobado que los actos de fuerza protagonizados por la aristocracia constituían un medio eficaz de atraer la atención de quienes detentaban el poder. Hacer frente a tales acciones desviaba recursos y efectivos de objetivos más amplios, entre ellos la guerra contra Granada. En consecuencia, interesaba a la élite gobernante encontrar la manera de poner freno a semejante comportamiento belicoso.
Por esta razón, pese a la gravedad y al carácter crítico del conflicto entre don Juan Manuel y el infante don Pedro, el maestre de Calatrava, Garci López, logró reconciliar a ambos en Uclés hacia Navidad.64 Por desgracia, se conservan pocos detalles sobre lo acordado allí. Sabemos con certeza que López persuadió a Pedro para que restituyera a don Juan en el cargo de adelantado mayor en el reino de Murcia.65 La cuestión de las propiedades resulta menos clara, y probablemente debamos aceptar la afirmación de la crónica real de que ambos príncipes acordaron «que partiesen aquellos logares que la Infanta les vendiera, et que oviese cada uno su meitad en la compra».66 Satisfecho con lo convenido, don Juan Manuel concedió al maestre de Calatrava los pechos y derechos de la villa de Valdemoro en reconocimiento de sus gestiones.67
Existe escasa información documental sobre don Juan Manuel durante la primera mitad de 1315. Este hecho, unido al silencio de la crónica real respecto a su persona, parece indicar que durante este periodo mantuvo en general una actitud cooperativa. En realidad, persistieron las tensiones entre el señor de Villena y el infante don Pedro, probablemente a causa del retraso en la concesión al primero del adelantamiento de Murcia.68 Es posible que Pedro considerase necesario resolver esta cuestión en las próximas Cortes de Burgos, pues durante las conversaciones sobre la regencia celebradas en Palazuelos en agosto de 1314, Pedro, su madre y el infante don Juan habían acordado que «en razon de los ofiçios de casa del Rey et de todo los Regnos que los non podamos dar ni toller sinon nos todos tres en uno».69 Finalmente, estas Cortes – convocadas a más tardar el 20 de julio70 – erían recordadas por una cuestión muy distinta relacionada con el señor de Villena.
Don Juan Manuel se encontraba, de hecho, ausente de las Cortes de Burgos. Fernán Sánchez afirma que había optado por dirigirse a los alrededores de Berlanga y Almazán para saquear las tierras del infante don Pedro,71 información que queda respaldada en buena medida por la documentación.72 En estas Cortes, el destacado aristócrata murciano Guillén de Rocafull – quien, según se decía, había ofrecido refugio a don Juan en Valdecañas frente al infante don Pedro en 1313 – se dirigió a la corte castellana y pronunció «algunas palauras contra Don Johan que eran a desonrra de Don Johan».73 A continuación formuló un desafío formal, afirmando que el señor de Villena lo había deshonrado al hacerlo prisionero.74 No sabemos cuándo ni por qué don Juan Manuel apresó a Rocafull, aunque tampoco tenemos motivo alguno para creer que no lo hiciera. Quizá convenga atender a Juan Torres Fontes, quien especuló que «la vecindad de posesiones en la Mancha y la proximidad del adelantamiento de Murcia, que entonces ostentaba don Juan Manuel con Abanilla, en jurisdicción todavía de Aragón, quizá pudieran señalar el comienzo de la enemistad». Torres subraya asimismo que «son años también en los que el concejo de Murcia negaba la obediencia a don Juan Manuel y le impedía la entrada en la capital del reino murciano».75
Aunque no podemos determinar con precisión qué dijo Rocafull, sus palabras fueron lo bastante provocadoras como para que el infante don Pedro «fizo prender luego a don Guillen de Rochafuyll por lo que dezia cuentra Don Johan».76 Rocafull fue puesto en libertad algún tiempo después, puesto que no existían fundamentos jurídicos para mantenerlo detenido.
Hacia octubre, Rocafull regresó a Burgos y se presentó nuevamente ante la corte castellana, formulando un nuevo desafío contra don Juan Manuel. Este último no acudió a Burgos para responder a él. El rey de Aragón intervino y envió a Pedro Garcés a Castilla para interrogar a los tutores de Alfonso XI acerca de este incidente y de la nueva ruptura entre don Juan Manuel y el infante don Pedro. Para el 25 de noviembre, Garcés había concluido su misión.77 Transmitió al cortesano aragonés Gonzalo García la información que había recabado:
el infant don Pedro et don Johan Manuel an puesto todo su feyto en don Johan el infant et deuen se veer sobre esto don Johan e don Johan daqui a cabo danyo cabo Sepulvega e si don Johan Manuel quiere venir al serviçio del Rey e que se lexe de robar su tierra et adoba con linfant don Pedro creo que lo ent sacaran mal si el non responde como deue e si responde aversa a combatir su cuerpo al suyo segunt costumbre de Castiella e semellar mia quel senyor Rey [daragon] faria bien que enuias conseylar a don Johan Manuel que fisiese en guisa que saliese bien deste riepto quel infant don Pedro de voluntad es de fer en los aferes suyos e de don Johan Manuel quanto el Rey mandaria e assi lo enuia desir por sus cartas e lo ha dito a mi de palaura.78
La redacción es algo ambigua y confusa, pues parece mezclar el desafío de Rocafull con la disputa entre el infante don Pedro y don Juan Manuel.
Don Juan Manuel no quiso responder al desafío de Rocafull a un combate singular. El 14 de diciembre, el infante don Juan escribió desde Palencia para comunicar a Jaume II que «Don Johan [Manuel] que non quiso en ninguna guisa venir por si mismo a oyr el juysio», pese a que se le había requerido en cinco ocasiones para que lo hiciera y se le había ofrecido la protección de mil caballeros.79
La implacable persecución de Guillén de Rocafull por parte del señor de Villena en años posteriores revela hasta qué punto este incidente lo afectó.80 Nunca sería capaz de olvidarlo. O quizá sus enemigos y detractores nunca le permitieron olvidarlo, aprovechando sin duda cualquier ocasión para burlarse de él y zaherirlo por la cobardía que le atribuían.
Antes de Navidad de 2015, don Juan Manuel inició una nueva campaña de devastación contra las propiedades del infante don Pedro.81 El infante don Juan, que había esperado reconciliar a ambos de una vez por todas, lamentó que su sobrino hubiera recurrido nuevamente a la violencia, e informó a Jaume II de que «lo fase por prenda por debda quel deue el».82 El 13 de febrero de 1316, el infante don Juan pudo transmitir noticias más favorables a la corte aragonesa: «loado a Dios ellos yo [sic] ya abenidos muy bien a seruiçio de Dios et del Rey et a pro de los regnos de Castiella».'83 Aunque no disponemos de pruebas directas que expliquen por qué don Juan Manuel puso fin a las hostilidades contra las tierras de Pedro, resulta razonable pensar que su nombramiento, por aquellas fechas, para el prestigioso cargo militar de adelantado mayor en la frontera fue un factor decisivo.84
Se sabe muy poco de lo que hizo don Juan Manuel entre la primavera de 1316 y el verano de 1319, debido a que la documentación contemporánea de este periodo es muy escasa. Esta falta de testimonios puede explicarse en parte por el hecho de que fueron años de guerra intermitente entre Castilla y Granada, y la documentación de archivo rara vez es abundante durante periodos prolongados de conflicto militar. En las Cortes de Burgos de 1315, el infante don Pedro había persuadido a los estamentos de Castilla para que apoyaran su proyecto de reanudar la Reconquista y, en la primavera de 1316, con don Juan Manuel nuevamente obediente, el joven tutor se dirigió al sur para iniciar la empresa.85 El infante don Juan apoyaba el proyecto, pero permaneció por el momento en Castilla, probablemente para supervisar la aplicación de las leyes aprobadas por las Cortes de Burgos con el fin de hacer frente al desorden y la corrupción generalizados en todo el reino.
El infante don Juan apoyaba el proyecto, pero permaneció por el momento en Castilla, probablemente para supervisar la aplicación de las leyes aprobadas por las Cortes de Burgos con el fin de combatir el desorden y la corrupción generalizados en todo el reino.
Como titular de los cargos de adelantado mayor en el reino de Murcia y adelantado mayor de la frontera, cabría esperar que don Juan Manuel hubiera prestado servicio militar contra los musulmanes, bien en torno a la frontera murciano-granadina, bien en la vega de Granada. Sin embargo, no existen pruebas que demuestren que hiciera ninguna de las dos cosas. Conviene señalar, no obstante, que el silencio de las fuentes contemporáneas no constituye una confirmación de inactividad, pues dichas fuentes ofrecen en general muy poca información sobre las operaciones militares castellanas de 1316. De hecho, todo cuanto sabemos es que el infante don Pedro, auxiliado por los maestres de Santiago y Calatrava, el arzobispo de Sevilla, el obispo de Córdoba y sus respectivas huestes, obtuvo en mayo una importante victoria sobre un ejército musulmán y, posteriormente, conquistó las fortalezas de Cambil y Alhavar.86
Al año siguiente, la campaña contra Granada cobró impulso, favorecida por la decisión de la Santa Sede de reconocer formalmente la empresa como Cruzada y asignarle las tercias y décimas eclesiásticas.87 A comienzos de 1317, el infante don Pedro levantó el sitio musulmán de Gibraltar y, a continuación, conquistó la villa y el castillo de Belmes.88 Pero poco después Pedro se vio obligado a regresar a Castilla porque «el Infante Don Joan andaba bulliciendo quanto podia con los de la tierra contra él».89 El conflicto con el infante don Juan fue resuelto por María de Molina en Cigales. Y, tras obtener cinco servicios y una moneda forera para la guerra santa, el infante don Pedro regresó a Andalucía, iniciando antes del 6 de agosto una nueva campaña de devastación en la vega de Granada.90
The war against Granada was now being fought on two fronts. Before 3 October, Juan Manuel's lieutenant in Murcia, Pedro López de Ayala, suffered a heavy reverse at Lorca.91 This defeat was quickly avenged by the lord of Villena himself, although details of that success have not survived.92 We may surmise that his victory was achieved without the help of the inhabitants of Murcia who, due to grievances already described, were disinclined to obey the orders of their adelantado.93
Hacia finales de año, don Juan Manuel, necesitado de dinero para pagar las soldadas de sus vasallos, envió cartas a los tres tutores de Castilla solicitando una parte de las rentas eclesiásticas destinadas a la campaña contra Granada. No recibió una respuesta inmediata. Irritado, el señor de Villena retiró a sus hombres de la lucha y se retiró a Chinchilla, haciendo caso omiso de una tardía invitación de María de Molina para que acudiera a Toledo a tratar la cuestión.94 Tras cierta insistencia, don Juan Manuel accedió a reunirse con su primo Pedro en los alrededores de Toledo para mantener conversaciones encaminadas a persuadirlo de que regresara a la campaña. A más tardar el 15 de febrero de 1318, ambos celebraron una entrevista amistosa en Ocaña y la cuestión quedó resuelta.95
Pocas semanas después, el señor de Villena volvería a reunirse con Pedro, esta vez para mediar en una nueva disputa entre este y el infante don Juan. Para el 26 de abril había reconciliado a los dos tutores y, en reconocimiento de este logro, recibió el prestigioso cargo de mayordomo mayor del rey.96 Por esas mismas fechas, don Juan Manuel fundó el monasterio dominico de San Pablo en Peñafiel, en los terrenos del castillo construido por su tío Alfonso X. Célebre por su diseño gótico-mudéjar, el monasterio tenía para él una significación personal, pues estaba destinado a servirle de mausoleo.97
A continuación, don Juan Manuel y el infante don Pedro regresaron al sur. En mayo, este último conquistó Tíscar, una de las fortalezas más apreciadas por los musulmanes.98 Seguidamente trató de someter Biedma, pero no lo consiguió. Las victorias durante el verano parecen haber sido escasas, pues hacia mediados de septiembre Pedro se vio obligado a concertar una tregua de seis meses con el rey de Granada. En una carta dirigida a Jaume II, Pedro explicó que lo había hecho «entendiendo quan quexados [los omnes buenos aqui] estauan por rason de quatro o çinco meses que avie que eran conmigo [...]. Et otrosi que en este tiempo deste plaso podria yo enbiar a Castilla a auer algun acorro para poder tornar mejor a este fecho».99
Existen algunos indicios de que don Juan Manuel afrontaba dificultades semejantes para mantener satisfechos a sus hombres. Pagarles constituía claramente un problema real, pues sabemos que se vio obligado a obtener fondos mediante el empeño de «vasos e taças de plata et panyos et otras cosas suyas».100 No obstante, siguió comprometido con la empresa contra Granada y, una vez transcurridos los seis meses de tregua, don Juan escribió a su suegro solicitándole el uso de «dos galeras con sus exarcias». El rey de Aragón, que hasta entonces no había contribuido a la campaña, rechazó la petición, alegando que todas sus galeras se encontraban ya en manos de los ciudadanos de Barcelona y Valencia, «que las an ya adobadas e las arman contra los enemigos de la fe e a servicio de Dios e an feyto ya toda lur costa».101
La desobediencia de los habitantes de Murcia seguía constituyendo un problema. El 5 de mayo de 1319, los procuradores del concejo de Murcia se reunieron con el infante don Pedro en Úbeda y expusieron una serie de condiciones que debían cumplirse antes de que estuvieran dispuestos a reconocer a don Juan Manuel como su adelantado mayor. Entre las más destacadas figuraban las siguientes: que «alcalles e alguaciles e jurados e almotacenes e todos los otros que tovieron otros oficios y en la çibdad» pudieran dictar sentencia libremente; que se considerasen válidas todas las sentencias pronunciadas desde el comienzo de su disputa con don Juan Manuel; y que se concedieran a la ciudad de Murcia importantes exenciones fiscales. Pedro aprobó su petición. Sin embargo, más avanzado aquel mismo mes, don Juan Manuel informó al rey de Aragón de que los murcianos seguían negándose a aceptarlo como su gobernador.102 Se desconoce si el señor de Villena había hecho realmente las concesiones necesarias para apaciguar a los murcianos.
En junio, los infantes don Juan y don Pedro se reunieron en Cañete y condujeron sus fuerzas hacia la vega de Granada.103
Para el día 23 de aquel mes, el ejército conjunto había llegado tan al sur como la propia ciudad de Granada. Según la crónica real, el infante don Pedro deseaba continuar avanzando, pero el infante don Juan consideró más prudente emprender el regreso. Prevaleció la opinión de este último y, el 25 de junio, iniciaron la retirada. Sin embargo, su retaguardia fue duramente acosada por un numeroso ejército musulmán encabezado por el formidable Uthman ibn Abi al-Ula, «que era de los buenos caballeros que había entre los moros».104 La crónica relata a continuación uno de los episodios más calamitosos de la historia militar castellana del siglo XIV:
los caballeros [christianos] fueron [...] tan mal mandados, et tan embazados, que non ovieron poder en las armas. Et el Infante Don Pedro metió mano á la espada por la acapdilla, et nunca pudo: et á golpes se tollió todo el cuerpo, et perdió la fabla, et cayo muerto en tierra. [...] et desque lo sopo el Infante Don Joan ovo ende muy grand pesar, et tan grande fué el pesar que ende tomó, que perdió luégo el entendimiento et la fabla [...], et pusiéronle en un caballo; et al Infante Don Pedro pusiéronlo en un mulo atravesado, et fuéronse su camino: et desque fué la noche morió el Infante Don Joan, et en llevandolo, perdieronlo como era de noche, et fincó en tierra de moros.105
Zurita ofrece una explicación alternativa de la desafortunada muerte de los dos tutores:
Y sucedió por gran descuido y por la discordia que había entre los capitanes, que se retiraron por gran espacio de un río que tenían muy cerca; y siendo el calor del día muy grande y muy excesivo el ardor del sol, padecían muy grande fatiga de sed; y así la gente de caballo como los peones se derramaron, buscando si hubiese algún arroyo o laguna de agua. Los moros se habían más cautamente muy bien reparado en los lugares que estaban cerca del río; y ardiendo el sol y la tierra con terrible calor, estando los infantes ocupados en ordenar y recoger toda la gente, que andaba como si no tuviera capitán, con la grandísima sed y angustia que tenían y con el sobresalto de no poder acaudillar la gente, sin ninguna herida, expiraron en las manos de los suyos.
Resulta difícil saber cuál de los dos relatos es correcto – si es que alguno lo es – ya que Zurita únicamente revela acerca de sus fuentes que «así lo hallo en relación de autor de aquellos tiempos».106
Las muertes de los infantes don Juan y don Pedro tendrían un profundo impacto en la carrera política de don Juan Manuel. Con Alfonso XI todavía menor de edad, el señor de Villena, que contaba ya treinta y siete años, se erigía como el político más capaz de Castilla y, aparentemente, como la elección natural para asumir las riendas del gobierno. Sin embargo, había poderosos sectores de la aristocracia que no deseaban verlo ascender a esa posición. Los primeros años de la minoría de Alfonso XI habían estado marcados por una gran inestabilidad política, y todo indicaba que la situación iba a empeorar.
«En el dia que le alzaron, et le nombraron, et lo recibieron por Rey et por Señor, este muy noble Rey Don Alfonso avia et era de edat de un año et veinte et seis dias más»: Crónica de Alfonso XI, p. 173. Puesto que sabemos que Alfonso nació el 13 de agosto de 1311, no resulta difícil calcular la fecha de su coronación.↩︎
«Vos fago saber que por la mi mala uentura que Dios sobre mi touo por bien de poner mas que en otra cosa del mundo que el Rey mio sennor era finado [...]. Et ante que finase acomendo a mi et a mio fijo el Rey don Alfonso a don Pedro su hermano». La reina Constança de Castilla a Jaume II, 7 de septiembre de 1312: AGS, núm. CCXLIV, p. 409.↩︎
Castilla carecía de una legislación firme sobre la cuestión de la regencia. Alfonso X había reconocido la necesidad de una disposición inequívoca, señalando en las Siete Partidas que «aviene muchas vezes que quando el Rey muere, finca niño el fijo mayor, que ha de heredar, e los mayores del reyno contienden sobre el quien lo guardará fasta que aya edad. E desto nascen muchos males. Ca las mas vegadas, aquellos que le cobdician guardar mas lo fazen por ganar algo con el; e apoderarse de sus enemigos, que non por la guarda del Rey, nin del Reyno. E desto se leuantan grandes guerras, e robos, e daños, que se tornan en grand destruymiento de la tierra»: José Sánchez-Arcilla Bernal, Alfonso XI: 1312-50 (Palencia: Diputación Provincial de Palencia, 1995), p. 48.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 173.↩︎
AGS, núm. CCXLIV, p. 410.↩︎
El infante don Juan había pedido disculpas a Jaume II por este asunto, indicando que no había acudido a Andalucía porque había oído un nuevo rumor según el cual Fernando IV quería asesinarlo. El rey de Aragón, cansado de las sospechas del infante, respondió que «el [Fernando] creyendo quanto sel dira contra vos e vos creyendo quanto se vos dira contra el que nunca auredes de perder sospecha el uno del otro»: ibid., núm. CCXLVI, pp. 411-12.↩︎
Ibid., núm. CCXLIV, p. 410.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 173; AGS, núm. CCLVI, p. 418. Nasr se mostró receptivo a las propuestas de tregua de Pedro porque la situación interna de Granada era en aquel momento extremadamente precaria. Para más información sobre las dificultades internas de Granada en esta coyuntura, véase Dufourcq, L'Espagne catalane et le Maghrib.↩︎
«Llegue a Villarreal et en llegando y llego me una carta este viernes en como don Johan Nunnes viniera a Avilla et que queria leuar dende el Rey por fuerça»: AGS, núm. CCXLIX, p. 413.↩︎
Ibid., núm. CCXLIX, p. 414.↩︎
Pedro y Fernando IV habían iniciado las hostilidades contra los musulmanes a comienzos de la primavera de 1312. Sin embargo, don Juan se encontraba todavía en los alrededores de Cuenca el 3 de julio. Para septiembre se hallaba en el reino de Murcia, pero no existen pruebas firmes de que estuviera allí para hacer la guerra contra el infiel: Soler García, La Relación de Villena de 1575, pp. 407-09.↩︎
AGS, núms. CCL, CCLI, pp .414-16; Timoteo Iglesias Mantecón, Índice del Archivo Municipal de Cuenca (Cuenca, 1930), p. 114.↩︎
According to the bishop of Ávila this was 'el mas fuerte lugar e mas seguro que a en esta cibdat': AGS, no. CCL, pp. 414-15; Crónica de Alfonso XI, p. 174.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 174; AGS, núm. CCL, pp. 414-15.↩︎
«En este comedio venose el Infante Don Pedro á Valledolit á la Reina su madre, que era y, et fabló con ella; et pidióla por merced que le ayudase á ser tutor del Rey; ca ninguno non avia tan gran derecho para lo ser como él: et ella le dijo que le ayudaria; pero que avia muchos contrarios»: Crónica de Alfonso XI, p. 174.↩︎
AGS, núm. CCLII, p. 416; cf. Zurita, II, p. 775 (Libro V, cap. CII).↩︎
6 November 1312: AGS, núm. CCLLII, p. 416.↩︎
El 17 de noviembre, Jaume II le respondió felicitándolo por su decisión de apoyar a Pedro: «Don Johan como nos ayamos cuidado en aqueste fecho de Castiella que es muy grand e que tayne mucho a nos. Enviamos vos rogar que vos segund que lo avedes bien començado que seades o perseveredes en aquello. Ca entendemos que sera servicio del rey don Alfonso e bien de Castiella e honra e provecho vuestro»: AGS, núm. CCLIII, pp. 416-17.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 174; AGS, núms. CCLIX, CCLX, pp. 420-21.↩︎
El 26 de noviembre se encontraba en Cañamares: AGS, núm. CCLVII, p. 419. Giménez Soler ha fechado erróneamente este documento el 26 de diciembre.↩︎
El 4 de enero de 1313, un mensajero aragonés escribió a Jaume II para comunicarle que «muytas querellas me ha mostradas [el infante don Johan] que ha de vos»: AGS, núm. CCLVIII, p. 419.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 174.↩︎
A más tardar el 19 de enero de 1313: AGS, núm. CCLVIII, pp. 419-20. La crónica real no menciona esta reunión de Benavente.↩︎
AGS, núms. CCLVIII, CCLXII, pp. 419-20, 422-23. Conviene subrayar que los concejos, aunque teóricamente representaban al conjunto de los habitantes de las ciudades, en la práctica tendían a promover únicamente los intereses de la élite urbana.↩︎
Ibid., núm. CCLVIII, p. 420.↩︎
El 5 de febrero, Pedro escribió a Jaume, rogándole sarcásticamente que felicitara a su cortesano Guillén Palacín «por quan bien el nos sirvio este camino a uos et a mi que sabet que el andaua disiendo a los concejos de lierra de Leon que don Johan que uos auia a uos por su ayuda contra todas las cosas del mundo el sennaladamiente contra mi»: ibid., núm. CCLXV, pp. 424-26.↩︎
El 5 de febrero, Pedro se encontraba en San Leonardo, al sureste de Salamanca. El 4 de febrero, don Juan se hallaba en un lugar registrado como Santa María del Tiemblo, que probablemente corresponde a la actual Santa María de Tiétar, al noroeste de Escalona: ibid., núms. CCLXIV, CCLXV, pp. 424-26.↩︎
Ibid., núm. CCLXVI, p. 426.↩︎
Así se desprende de ibid., núm. CCLXIX, p. 429. Que don Juan Manuel seguía ignorando el proyecto de compartir la regencia queda patente en el comentario que dirigió a Jaume II el 20 de febrero: «[el] infant don Johan et don Johan Nunnes non cansan de se trebaiar quanto pueden que el infante don Pedro non aya la tutoria»: ibid., núm. CCLXVI, p. 427.↩︎
Pedro se había dirigido a Sahagún con la intención de participar en las conversaciones que allí se celebraban. Es posible que también hubiera decidido no acudir a Toro para evitar un encuentro incómodo con don Juan Manuel, confiando quizá en que María mitigara la previsible oposición de este último al proyecto del infante don Juan: Crónica de Alfonso XI, pp. 174-75.↩︎
«Dixome la reyna donna Maria seyendo con ella en Valladolid en como el traya su pleito porque el et el infante don Johan fuessen amos tutores non guardando a mi lo que yo auia de auer segund las posturas que en uno auiemos». Don Juan Manuel a Jaume II, 23 de mayo: ibid., núm. CCLXIX, p. 429.↩︎
Ibid., núm. CCLXIX, p. 429.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 176; AGS, núm. CCXCIX, p. 448. Giménez Soler ha atribuido erróneamente el año 1314 a este documento.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 176; Colmeiro, Cortes, I, pp. 221-47.↩︎
«El infante don Johan et el infante don Pedro que se partieron desabenidos de las Cortes e que estauau [sic] asonados el uno contra el otro por pelear». El maestre de Calatrava, Garci López, a Jaume II, julio de 1313: AGS, núm. CCLXXII, p. 431. Fernán Sánchez (Crónica de Alfonso XI, p. 176) atribuye esta situación a las intrigas de Juan Núñez de Lara.↩︎
Crónica de Alfonso XI, pp. 176-77. Guillén de Rocafull era hijo de Ramón de Rocafull, señor de Abanilla y, durante un tiempo, adelantado en el reino de Murcia.↩︎
Este plan queda confirmado tanto por la crónica real como por la documentación: AGS, núm. CCLXXII, p. 431; Crónica de Alfonso XI, p. 177.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 177.↩︎
Parece que el rey de Guadix y el arráez de Andaraz habían conspirado para derrocar a Nasr de Granada. Pedro partió hacia el sur a más tardar el 22 de noviembre: Manuel García Fernández, «Regesto documental andaluz de Alfonso XI (1312-50)», Historia. Instituciones. Documentos., 15 (1988), pp. 1-125 (núm. 3, p. 3); AGS, núms. CCLXXX, CCXLVII, pp. 436-37, 447.↩︎
Testimonios posteriores sugieren que los 182.225 maravedís que don Juan Manuel pagó a Blanca por sus propiedades no constituían la totalidad de la cantidad adeudada, por lo que la transacción fue posteriormente anulada: Crónica de Alfonso XI, p. 178.↩︎
Así se desprende del contenido conjunto de AGS, núms. CCLXVIII, CCLXXX, CCLXXXI, CCLXXXIV, pp. 435-37, 440.↩︎
Ibid., núm. CCLXXVII, p. 435.↩︎
Ibid., núm. CCLXXXVI, pp. 440-41.↩︎
Ibid., núm. CCLXXXVII, p. 441.↩︎
Ibid., núm. CCLLII, p. 416.↩︎
Ibid., núms. CCLXXXVII, CCLXXXIX, pp. 442-43.↩︎
Ibid., núm. CCXC, р. 443.↩︎
El rey de Aragón escribió a don Juan Manuel para reprenderlo por este asunto: «sabedes muy bien que Murcia del Rey de Castiella es e al tiempo en que esta agora la tierra muyto deuriades compessar et non faser enta ellos todo lo que podriades mas catar seruiçio del Rey e asosiego de la tierra»: ibid., núm. CCLXXVIII, p. 435.↩︎
El rey de Aragón les envió esta respuesta: «Al Concejo e Hermandat de Murcia. Recibiemos la carta que nos enuiastes en razon de la discordia que conteçio entrel muy noble don Johan fijo que fue del infante Don Manuel e uosotros. E clamauades merce que si el infante don Pedro e don Johan se abenian que no cayesedes uos mal [...] e parece nos que una de las cosas de que contendian [...] es de la uuestra segurança»: ibid., núm. CCLXXXIV, p. 440. Con un rey niño en el trono castellano y un gobierno de regencia aún pendiente de ser autorizado, el concejo de Murcia apenas tenía otra opción que recurrir al rey de Aragón en busca de ayuda.↩︎
La torpe gestión por parte de Ayala de una disputa fiscal menor en Jumilla en 1308, que estuvo a punto de provocar una guerra en aquella zona, constituye buena prueba de ello. Para los detalles de este incidente, véase Pretel Marín, Don Juan Manuel: señor de la llanura, p. 60.↩︎
AGS, núms. CCLXXXI, CCXCV, pp. 437-38, 445. Presumiblemente, don Juan Manuel había procurado alcanzar un acuerdo de este tipo por temor al peligro que la guerra intestina de Granada suponía para sus posesiones del sureste.↩︎
Ibid., núm. CCXCV, pp. 445-46.↩︎
Pedro a Jaume II, 1 de mayo de 1314: ibid., núm. CCXCVII, p. 447.↩︎
Ibid., núms. CCXCVI, CCXCVIII, CCCI, pp. 446, 448, 450.↩︎
Ibid., núm. CCLXXXII, pp. 438-39.↩︎
«Sennor afiaronse e fincaron por amigos [...] el infante don Pedro e el Infante don Juan e [...] se avien a veer en Cabeçon e en Palaciuelos por firmar e complir lo que era puesto». Pedro Garcés a Jaume II, 3 de mayo: ibid., núm. CCXCVI, р. 447.↩︎
Ibid., núm. CCCI, pp. 451-55.↩︎
Juan Núñez de Lara recibió el primero de estos cargos y Diego López IV, hijo de Lope Díaz, el segundo: ibid., núms: СССIII, СССХVIII, рр. 455, 463.↩︎
El infante don Pedro se quejaría de ello a su suegro Jaume II después del 24 de agosto: ibid., núm. CCCI, p.
450.↩︎
Ibid., núm. CCCVIII, pp. 457-58.↩︎
Ibid., núm. CCCXII, pp. 459-60.↩︎
Crónica de Alfonso XI, pp. 178-79.↩︎
AGS, núm. CCXIV, p. 460.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 179; AGS, núm. CCCXVI, p. 461.↩︎
«Recibiemos dos cartas las quales nos enuia don Johan fijo del infante don Manuel de las quales era la una suya e la otra del infante don Pedro en las quales nos fisieron saber en como auian auido uista en Hucles et que se eran auenidos muy bien asi que partieron muchos amigos. Et entre las otras cosas que fueron puestas entre ellos fue que ell [don Pedro] faria entregar el dicho don Johan el adelantamiento del Regno de Murçia». Jaume II a Pedro Garcés, 19 de febrero de 1315. Jaume había recibido una petición del infante don Pedro, preocupado por que los murcianos no aceptasen a don Juan Manuel como su nuevo adelantado mayor, para que «si los de Murçia por las cartas quel dicho Rey et ell los enuiaua no querian recebir al dicho don Johan por adelantado que nos touiessemos por bien de mandar que en la nuestra tierra no acogiessen los de Murçia nin alguna cosa de lo suyo nin que de la nuestra tierra non entrasen ningunas de Murçia»: AGS, núm. CCCXVIII, p. 462.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 179.↩︎
AGS, núm. CCCXVI, p. 461.↩︎
En las listas de testigos de dos diplomas reales fechados el 30 de julio, el título de adelantado mayor en el reino de Murcia no aparece asociado al nombre de don Juan Manuel: Esther González Crespo, Colección Documental de Alfonso XI: Diplomas reales conservados en el Archivo Histórico Nacional. Sección de Clero. Pergaminos (Madrid: Universidad Complutense, 1985), núms. 33, 34, pp. 64, 68.↩︎
AGS, núm. CCCIII, p. 453.↩︎
«Sepan quantos esta carta vieren como yo don Alfonso, por la graçia de Dios, Rey de Castiella [...]. Agora estando conmigo en las cortes que fago en Burgos [...]». Diploma real fechado en Burgos el 20 de julio: González Crespo, Colección Documental de Alfonso XI, núm. 31, p. 62.↩︎
«Fueron ayuntados en Búrgos los prelados et Ricos-omes, et todos los Personeros de las ciubdades et villas de todos los reynos, et los Maestres de las Ordenes [...] et Don Joan, fijo del Infante Don Manuel, veno á tierra de Almazan et de Berlanga, que era del Infante Don Pedro, et fizo y mucho mal, et levó ende mucho ganado»: Crónica de Alfonso XI, p. 179.↩︎
El documento núm. CCCXXV (p. 466) de la colección de Giménez Soler confirma que don Juan Manuel saqueó y destruyó tierras de realengo por aquellas fechas.↩︎
AGS, núm. CCCXXIII, p. 465.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 179.↩︎
Juan Torres Fontes, El señorío de Abanilla, 2nd ed. (Murcia: Academia Alfonso X El Sabio, 1982), p. 39.↩︎
Así se lo comunicó el enviado aragonés Miguel Pérez a su monarca, Jaume II, en una carta de 25 de noviembre: AGS, núm. CCCXXV, p. 466.↩︎
Ibid., núms. CCCXXIII, CCCXXV, p. 465.↩︎
Ibid., núm. CCCXXV, р. 466.↩︎
Ibid., núm. CCCXXVIII, pp. 467-68.↩︎
Según Juan Torres Fontes, «[en 1320] se dio comienzo en la Corte castellana a un proceso contra don Guillén y se dictó orden de prisión, que no pudo hacerse efectiva porque el Rocafull, enterado de lo que contra él se tramaba, o previéndole, se alejó de Castilla y se acomodó en Aragón [...]. Pero hasta allí le persiguió la saña de don Juan Manuel, [...] pues el señor de Villena, como yerno de Jaime II, influyó en que no le prestara oídos a su petición de ayuda. En febrero de 1321 escribía Jaime II a don Juan Manuel haciéndole saber que don Guillén había acudido ante él solicitando su gracia y merced para que influyera en que don Juan Manuel dejara de perseguirle y de hacer daño a sus posesiones. Pero Jaime II le prohibió que siguiera en su corte [...] hasta tanto que se aviniera con don Juan Manuel. Enterado después del proceso que se le había instruido en la Corte castellana, le ordenó salir de su reino a no ser que estuviera dispuesto a rebajarse y hacer pública reparación del daño que había hecho a don Juan Manuel. Intentaba así el rey de Aragón reparar el descrédito en que su yerno había caído con su vergonzosa actitud seis años antes, aconsejándole por escrito que si don Guillén se retractaba, le acogiera y volvieran a ser amigos. Pero no debió de aceptar tan indigna propuesta don Guillén de Rocafull [...]. Sabemos que antes de octubre de 1323 intentó correr el término de Abanilla Pedro González de Juvera, ya que Jaime II reclamó en este mes a don Juan Manuel y a don Pedro López de Ayala, su teniente de adelantado en el reino de Murcia por este motivo »: Torres Fontes, El señorío de Abanilla, pp. 43-44.↩︎
AGS, núm. CCCXXVII, pp. 467-68. Esta acción no tuvo nada que ver con una disputa sobre el adelantamiento de Murcia, puesto que el cargo ya le pertenecía. Como prueba, véase la lista de testigos de González Crespo, Colección Documental de Alfonso XI, no. 46, pp. 85-90.↩︎
AGS, núm. CCCXXVII, pp. 467-68.↩︎
Ibid., núm. CCCXXVIII, p. 468.↩︎
Don Juan Manuel figura con este título en la lista de testigos de un diploma real fechado el 29 de abril de 1316: González Crespo, Colección Documental de Alfonso XI, núm. 49, pp. 91-96.↩︎
Para el 8 de mayo se encontraba en Úbeda: García Fernández, «Regesto documental», núm. 27a, p. 8.↩︎
García Fernández, 'Regesto documental', núm. 29, p. 9; Crónica de Alfonso XI, p. 180.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 181.↩︎
Ibid., p. 181.↩︎
Ibid., p. 182.↩︎
AGS, núm. CCCXXXV, p. 471; Crónica de Alfonso XI, pp. 182-83.↩︎
Ibid., núm. CCCXXXIII, pp. 470-71.↩︎
Ibid., núm. CCCXXXVI, p. 471.↩︎
A finales de junio de 1317, Jaume II se había visto obligado a enviar a Gonzalo García para tratar de hacer entrar en razón a los murcianos por su negativa a obedecer a don Juan: ibid., núm. CCCXXXIV, p. 471.↩︎
Ibid., núm. CCCXXXVII, pp. 471-72.↩︎
Ibid., núm. CCCXXXVII, p. 473.↩︎
Ibid., núm. CCCXXXIX, p. 473. González Crespo, Colección Documental de Alfonso XI, núm. 70, pp. 111-15.↩︎
Fortunato Escribano de la Torre, Peñafiel: notas históricas (Valladolid, 1976), p. 162.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 183.↩︎
AGS, núm. CCCXLI, pp. 474-75.↩︎
Ibid., núm. CCCXLII, p. 475.↩︎
Ibid., núm. CCCXLV, p. 478.↩︎
Ibid., núm. CCCXLIII, pp. 475-77.↩︎
La cronología de la crónica real resulta confusa en este punto. Fernán Sánchez afirma que Pedro se reunió con el infante don Juan inmediatamente después de la conquista de Tíscar. Pero, como hemos visto, esta plaza había sido conquistada el año anterior.↩︎
Crónica de Alfonso XI, p. 183; Zurita, III, p. 129 (Libro VI, cap. 34).↩︎
Crónica de Alfonso XI, pp. 183-84.↩︎
Zurita, III, p. 130 (Libro VI, cap. 34).↩︎